EL DIARIO DE “ODY”

OdyA los pocos meses de haber nacido me separaron de mi madre. Me regalaron a Judy Tatiana, quien estaba a punto de cumplir sus 15 años. En la primera navidad, me robaba los muñecos del pesebre. Seguí creciendo y me cortaron la cola, lo único que tenía para saludar y expresar mi cariño.

Me había convertido en el amor y la adoración de la familia, al punto que me dejaban dormir en la cama con ellos. Así pasaron muchos años de alegría y felicidad.

Nos mudamos de casa al barrio Hacienda Santa Bárbara en Neiva. Era más grande que en donde vivía antes y lo más me gustaba era que podía salir a la calle a realizar mis necesidades fisiológicas a veces acompañado, otras veces solo.

En una de esas salidas, fui golpeado brutalmente al punto que cuando regresé a casa, mi mandíbula estaba partida. Llegué a pensar que me iba a morir, el dolor era terrible y perdía mucha sangre.

Con el amor, el cariño de mis amos y las buenas manos de la veterinaria, me reconstruyeron la mandíbula y volví a masticar alimentos y hasta morder. Fueron muchas noches de insomio y sufrimiento.

Con el pasar de los años fui perdiendo visión, tal vez por mi vejez y tanto antibiótico que me aplicaron durante mi enfermedad. Un día amanecí con el ojo izquierdo infectado y sentía mucho dolor.

Me llevaron a la veterinaria, lugar que le había cogido mucho miedo porque allí sufrí mucho durante la operación que me hicieron al punto que empezaba a temblar cuando llegaba a ese sitio.

Evidentemente la veterinaria examinó mi ojo y escuché que dijo a mis amos, que debían sacarme el ojo. Yo me puse muy triste y hasta lloré, pero no había nada que hacer.

Me recuperé emocionalmente con el amor que me ofrecían mis amos, quienes jugaban conmigo y siempre estaban a mi lado. Aprendí a mirar la vida con un solo ojo.

No me gustaba cuando me cogían para sacarme las garrapatas, cuando me las arrancaban de mis orejas y entre los dedos donde esas malditas se metían para chuparme la sangre. Al cabo de varios meses, comencé a perder el único ojo que tenía al punto que ya me estrellaba con las paredes y muebles de la casa.

Tampoco me gustó la llegada a la casa de otro perro a quien mis amos llamaban Mateo. Les escuché decir que había sido abandonado y eso me dio pesar, razón por la cual traté de llevármela bien, pero muchas veces nos peleábamos porque sentía celos que me estuviera robando el amor que me tenían.

Con Mateo compartimos tristezas y alegrías, al fin y alcabo aprendí a quererlo como hermano. El también estuvo muy enfermo a punto de morir, pero lo llevaron a la veterinaria quien aseguró que padecía de cáncer.

La noticia más triste de mi vida fue cuando me enteré que mis amos tenían que irse del país por las amenazas de uno de los miembros de la familia. Allí entendí que un perro viejo, tuerto y enfermo, como yo no iba a ser parte del viaje.

Era muy triste para mis amos tomar una decisión de qué hacer con nosotros. A mi hermano Mateo, le colocaron una inyección y murió. A mí, me bañaron con veneno para matarme las garrapatas que me tenían afligido.

Pero las laceraciones en mil piel provocaron que a los pocos minutos, el veneno entrara a mi torrente sanguíneo y registrara una intoxicación masiva. Fui testigo de que hicieron todo lo posible para salvarme la vida, pero ya no había nada que hacer: mi destino estaba marcado. Después de muerto, me enterraron en el mismo hueco junto a mi hermano Mateo. Esa es la vida, nacer, crecer y morir. Adios a todos.

Una respuesta a EL DIARIO DE “ODY”

  1. anaitatmora luque dice:

    hola pa, me conmovio la historia de mi hijo odie alejandro sanz mora, m hizo llorar montones y se que siempre este pequeño y hermoso perrito estara en nuestros corazones y pensamientos nunca lo llegaremos olvidar y mucho menos lo sacaremos de nuestra familia al igual que a mateo y todo el resto de mascoticas que tuvimos en colombia, me gusta mucho que sigas escribiendo noticias porq se que esto es lo que te apasiona y te hace feliz, sigue con todo esto que tu familia te segura apollando a ellos tambien les encanta gracias y te queremos mucho…besos

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